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La curiosa historia del etiquetado del vino

La curiosa historia del etiquetado del vino

Desde que el hombre comenzó a elaborar vino, allá por el Neolítico, surgió la necesidad de identificar su origen, elaborador y calidad. 

12-04-2016

Desde las primeras marcas en tinajas hasta las etiquetas actuales, han sido muchas y variadas las soluciones que cada civilización ha implantado para cubrir una misma necesidad.

Estas son algunas de las curiosidades que nos ofrece la historia del etiquetado del vino:

1) Los egipcios guardaban el vino en odres y tinajas de barro en los que hacían marcas para identificarlo. El artesano alfarero marcaba las ánforas antes de cocerlas utilizando sellos y cuños.

2) En una tumba egipcia apareció lo que se considera una de las primeras etiquetas de la historia: se trata una tablilla que apareció colocada sobre un recipiente de vino en la que consta el origen y el nombre del elaborador: “Bodeguero Tutmes”.

3) Los recipientes griegos solían llevar los sellos de algún magistrado de la ciudad que garantizaba su origen. Utilizaban cuatro tipos de marcas: sellos impresos antes de cocer el ánfora, grafitis rayados sobre el recipiente, símbolos pintados o sellos estampados sobre el cierre del ánfora.

4) Los romanos llevaron el viñedo al último rincón de su imperio. Sus ánforas también tenían marcas que hacía el alfarero con referencias a las características del vino que contenían.

5) Durante la Edad Media, las barricas de madera, inventadas por los galos, comenzaron a utilizarse como sustituto de las ánforas, mejorando la resistencia ante el trajín de los complicados traslados.

6) El marbete es un antecesor de la etiqueta que conocemos hoy en día y consiste en un trozo de piel o pergamino que se ataba o pegaba a un recipiente en el que se escribía el contenido y sus características. En la clase alta eran de plata.

7) Las primeras etiquetas de vino reconocidas como tal se sitúan alrededor del siglo XVII. Estaban escritas a mano sobre papel artesanal y se pegaban manualmente en cada botella.

8) A finales del siglo XIX, la aparición de técnicas como la litografía; el inicio de la producción de botellas en serie, y el auge de la industria gráfica favorece el desarrollo imparable de las etiquetas que dura hasta nuestros días.