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El papel fundamental de las abejas: simbiosis con las flores e indicador de la contaminación

El papel fundamental de las abejas: simbiosis con las flores e indicador de la contaminación

En La Rioja se tipifican ocho mieles monoflorales diferentes, siendo la de brezo la más popular

18-04-2018

La primavera suele es un momento clave para gran parte de la actividad agropecuaria, en ella se gesta lo que más tarde producirá resultados, y la sensación es que este año se ha recuperado cierto orden estacional y climático, a pesar del frío de los últimos días. Uno de los termómetros de la situación es la apicultura: cuando las cosas son 'normales', la cosecha de miel suele ser buena -siempre que no haya alguna enfermedad en las abejas-.

"Este año parece que está todo en su sitio, los anteriores han sido muy malos, sobre todo 2017: la sequía nos afecta siempre y si a ello se une la helada de finales de abril que fue demoledora...", reconoce Jesús Llaría, apicultor ecológico de Miel Llaría, cuyo centro de operaciones está en Anguiano. "Lo que vivimos el año pasado no se recordaba, fue casi nula la cosecha, pero este 2018 se han recuperado acuíferos, se presenta mejor la situación", explica Raquel Ortega, de Campolandai, en El Rasillo. Ambos son dos de los apicultores artesanos de La Rioja.

Pero, ¿por qué hay tanta conexión entre la primavera y la miel? "Las abejas al final van al ritmo de la floración, dependen de ella. Hay una simbiosis entre ambas", admite Raquel Ortega. Estos insectos no son los únicos polinizadores, pero su valor es notable. "La gente poco a poco va concienciándose de la importancia de las abejas, que están amenazadas. Además, la abeja es un indicador de la contaminación, les afecta y eso hace que sean buenos testigos de ello", añade.

"En España y en La Rioja se valoran mucho las mieles monoflorales, como la de brezo, y eso está muy bien para la apicultura, pero para las abejas es muy importante la diversidad", relata Jesús Llaría. No en vano, "hay veces que algunas plantas, como las rabanizas, son tratadas como 'malas hierbas' por la agricultura y son las que dan variedad a la dieta de las abejas".

Estos polinizadores viven hoy una situación compleja ya que se enfrentan a distintas cuestiones, unas contra las que el apicultor trata de luchar y gestionar, como plagas y enfermedades, y otras de ámbito global, difíciles de atajar, como el cambio climático. Aun así, como indica Llaría, "lo referido a la diversidad botánica sí que es cuestión humana. En el caso de las sierras, con el abandono del pastoreo, sobre todo de ovejas, está cambiando el suelo y el paisaje pastoreado es muy bueno para las abejas: donde hay ovejas hay también diversidad botánica para las abejas. Esto, en las últimas décadas, va variando... En las zonas de valle, los monocultivos perjudican a la variedad que necesita la abeja, así como algunas prácticas de laboreo (pesticidas, etc.)", enumera.

Miel LLaría, La RiojaLa miel riojana: producto de calidad y distintivo por zonas

Con una profesión más bien envejecida, la apicultura en La Rioja tiene dos zonas más o menos diferenciadas a la hora de proceder a su catalogación: Rioja Baja y Rioja Alta. No hay nada acotado 'por ley', pero sí que -como apuntan Ortega y Llaría- en La Rioja Baja el inicio de la actividad de las abejas es más temprano y suele ir ligado a la floración de otras plantas, como el romero o el tomillo; su cosecha puede llegar en mayo-junio, aunque puede conseguirse una segunda cosecha en otoño. En la zona de la sierra, más considerada así La Rioja Alta, la miel va conectada al brezo y al roble, principalmente; y su recogida suele llevarse a cabo en septiembre. También hay quien hace trashumancia de colmenas, buscando zonas menos frías en invierno (en el caso riojano, por ejemplo, bajarlas del monte al valle), de cara a mantener mejores reservas de abejas o bien para tratar de generar dos cosechas, aunque este segundo objetivo no es muy habitual en la comunidad riojana.

"En La Rioja hay buenas mieles, cada vez con más marcas propias, y en cada comarca está hecha con un gusto diferente. De hecho, según se publicó en un estudio de la Universidad de La Rioja, en nuestra región hay tipificadas ocho mieles monoflorales", reconoce Raquel Ortega. Si en algo coinciden los apicultores de Campolandai y Llaría es en que "la miel de brezo es la más apreciada y la que más éxito tiene".

Técnicas de extracción respetuosas y poco invasivas

En líneas generales, ¿cómo está el sector de la apicultura en La Rioja?, ¿se puede vivir de ello? "La tendencia del mercado es creciente en cuanto al interés por la miel, pero es arriesgado dedicarte a esto profesionalmente: las últimas campañas han sido desastrosas", admite Jesús Llaría. Él ha heredado su pasión a través de su padre Ismael, reconocido como artesano apicultor honorario, y aunque lleva toda la vida entre abejas, hace cinco años que asumió la actividad de forma íntegra.

"Apostamos por la apicultura ecológica, con miel cruda, densa, que no tiene el aspecto líquido de otras mieles, porque solidifica, pero es natural y es valorada por el público", apunta Llaría, cuya explotación cuenta en la actualidad con unas 500 colmenas y su producto no solo llega a tiendas locales, también tiene distribución nacional e incluso venta online en su web (www.llaria.com).

Raquel Ortega, de Campolandai, suma más de 25 años en la apicultura y, aunque reconoce que está en fase de ir dejando paso, ella sigue optando por la mínima intervención, con la extracción en frío que "es más costosa de realizar, pero es una manera de asegurar el aroma y merece la pena".

Así, con características propias según se trate del valle o la sierra, la apicultura riojana vive un año de expectación y esperanza de cara a la floración de esta primavera y por consiguiente de la próxima cosecha, que por fin sea satisfactoria.

 

Fotografías: Miel Campolandai (imagen superior), Miel Llaría (imagen vertical derecha)

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